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lunes, 17 de julio de 2017

DE EMPLEADOS PRECARIOS A JUBILADOS POBRES



Europa ha superado casi una década de crisis económica pero sale del gran batacazo con una brecha generacional y geográfica (además de la preexistente de género) que pone en duda la sostenibilidad política y económica de los sistemas de protección social, solidaridad y reparto vigentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Bruselas recomienda aumentar las tasas de actividad, mediante incentivos fiscales o fijación de salarios mínimos; prolongar la vida laboral (que, en contra de lo que pueda parecer, aumenta el potencial de empleo para las siguientes décadas) o mejorar la productividad mediante inversión en capital humano. Recetas para paliar el daño sufrido por un continente a punto de perder una o varias generaciones.

“Dejar atrás a los jóvenes pone en peligro nuestro propio futuro” , ha señalado este lunes la comisaria europea de Empleo, Marianne Thyssen, durante la presentación del séptimo informe anual de la Comisión Europea sobre la evolución del mercado laboral y las condiciones sociales en Europa.

De manera significativa, la Comisión centra este año gran parte del documento en el impacto en jóvenes y no tan jóvenes (hasta 39 años) de una crisis que ha modificado la estructura laboral y ha agravado los fenómenos de precariedad surgidos a rebufo de los cambios tecnológicos y económicos.

El informe, según la CE, “refleja la creciente percepción de que la crisis y los cambios en el mundo laboral pueden dejar en desventaja alas nuevas generaciones, tanto ahora como en el futuro”. Y las primeras víctimas, según el documento, ya son visibles “en un mercado laboral que hoy día parece cada vez más marcado por una división generacional”.

La brecha, señala la CE, se ha abierto a pesar de que la población trabajadora más mayor (de 40 a 65 años) ha sufrido un estancamiento de sus ingresos, lo que indica un deterioro general pero especialmente grave para la generación más joven.

La población nacida entre 1978 y 1992, que llegó al mercado laboral al mismo tiempo que el nacimiento del euro (1999), ha visto reducida su tasa de actividad en relación con la generación anterior, tiene el doble de posibilidades de quedar atrapada en contratos temporales, y sus períodos de cotización y los consecuentes beneficios sociales se ha reducido de manera significativa, según los datos del departamento de Thyssen.


Bruselas considera tan alarmante la situación que advierte del peligro que corre la cohesión política y la credibilidad de las instituciones democráticas en un continente donde parece a punto de romperse la equidad transgeneracional.

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